La hipersexualización de niñas y princesas

Fuente: https://amigoslarevista.files.wordpress.com/2014/07/4597a-1.jpg 
Los seres humanos tenemos la capacidad de ir evolucionando a lo largo de la vida, para adaptarnos al entorno social en el que nos desarrollamos. Vamos aprendiendo y moldeando los aspectos de nuestra personalidad según las diferentes etapas que vamos recorriendo (Piaget, 1970), (Vygotski, 1978), (Freud, 1905). La sexualidad, como una parte del ser humano, no permanece fuera de esta evolución, sino todo lo contrario, pues desde el nacimiento este aspecto va evolucionando en relación con el crecimiento personal, consiguiendo así la madurez sexual, física y psicológica de la persona cuando es adulta.
 
Sin embargo, últimamente estamos asistiendo a un nuevo patrón basado en intereses comerciales y que potencia una desmesurada exaltación de la sexualidad de las niñas. En diferentes ámbitos son mostradas como adultas en miniatura, con conversaciones sobre belleza, dietas, maquillaje, etc. Las familias muestran una gran inquietud porque sus hijas e hijos se encuentran ante una doble presión: que crezcan demasiado rápido y no disfruten de su infancia y que se conviertan en consumidoras o personas adultas sexualizadas antes de lo adecuado. 
 
En 2001 el ministerio de Educación británico publicó un estudio sobre la sexualización y comercialización de la infancia. El informe es conocido por el nombre de su autor, Greg Bailey, quien explica el concepto de hipersexualización y lo define como “la sexualización de las expresiones, posturas o códigos de la vestimenta considerados como demasiado precoces”. Este informe alerta sobre la gran cantidad de imágenes sexuales que rodean constantemente a la infancia y visibiliza los peligros que acarrea la creciente erotización de una infancia donde las principales víctimas suelen ser las niñas, puesto que esta sexualización tiene relación con el papel de la mujer como objeto sexual. 
 
El problema radica en que se adelanta la edad en la que las niñas se convierten en adultas y, por intereses económicos, éstas adoptan comportamientos estereotipados no acordes con su edad cronológica y que, por tanto, tienen graves consecuencias en su desarrollo evolutivo (físico y psicológico), favoreciendo la aparición de comportamientos estereotipados y acelerando el proceso de transición a la adolescencia. El informe Bailey refleja que “Los niños se desarrollan a diferentes edades. En el Reino Unido, las niñas ahora pueden esperar alcanzar la pubertad alrededor de su décimo cumpleaños y hay algunas que necesitan un primer sujetador antes de esa fecha” (2011, p. 46).
 
Mientras tanto, en esta contienda por alcanzar beneficios económicos, las niñas están siendo utilizadas y sexualizadas como productos. Tan sólo son un medio, un señuelo para llegar al bolsillo adulto y fidelizarlas a ellas mismas cuando también sean adultas con todo tipo de productos: ropas, coches, joyas, etc. Las niñas son expuestas como “mercancía sexual” sin haber recibido educación al respecto, así como tampoco pautas para defenderse ante los posibles abusos de personas perturbadas que puedan contemplar estas imágenes  erotizadas. 
 
(Blancanieves y los siete enanitos, 1937, DVD Disney)

La psicóloga Olga Carmona muestra su rechazo condenando que “Las niñas van asumiendo con naturalidad perversa su condición de objetos sexuales”. Puesto que están abocadas a desarrollarse como adultas frágiles y vulnerables. Sumidas en una lucha constante con su físico y con la opinión externa, que les hará desarrollar una mermada autoestima. Unas niñas que persistentemente se encuentren bajo la mirada de los demás, están condenadas a experimentar la distancia entre su cuerpo real, al que están encadenadas y el de los personajes que les muestran los medios de comunicación, alimentando un deseo inalcanzable de aquel modelo al que constantemente intentarán parecerse. Al sentir la necesidad de la mirada de los demás para construirse, están constantemente orientadas en una práctica de evaluación anticipada y valoración del precio que su apariencia corporal, su manera de mover el cuerpo y de presentarlo, podrá recibir (de ahí una propensión más o menos clara a la autodenigración y a la asimilación del juicio social bajo forma de malestar corporal o de timidez) Bourdieu, 2000, p. 87).

 
Estas incitaciones a la hipersexualización se encuentran en la industria de la moda infantil, “en muchas tiendas la ropa de niñas no es más que una versión en miniatura de la ropa de adultos. Casi todo es rosa y brillante o tiene inapropiados lemas como: WAG in the making, Gorgeous, Princesa, etc.” (Bailey, 2011, p. 45), en la publicidad, los juguetes, el cine, la televisión, etc. Es cierto que los medios de comunicación, en general, tienen un papel fundamental en la difusión de estereotipos dañinos, pero además no queremos dejar de llamar la atención acerca del papel que tienen los personajes de las princesas Disney, en concreto, que también han ido evolucionando e hipersexualizándose a lo largo de los años. Desde la primera Blancanieves de formas redondeadas y aspecto cándido hasta la última Elsa que irradia sexualidad, el aspecto físico de las princesas se ha ido transformando a través de los años para adaptarse a la moda femenina, estilizando cada vez más sus figuras, jactándose algunas de lucir un aspecto anoréxico, que a todas luces habrá que denunciar como posible modelo a imitar entre las niñas más jóvenes. 
 
Además, no sólo se han ido estilizando las figuras de las princesas, sino que la hipersexualidad de las niñas ha ido haciendo mella en estos personajes simbólicos. 
 
(Frozen, el reino del hielo, 2013. DVD. Disney)

La dominación masculina, una vez más, sigue convirtiendo a las mujeres-niñas en “objetos simbólicos”, que se ubican en la sociedad en estado de permanente inseguridad. A estas edades tan tempranas el desarrollo sexual precoz tiene graves consecuencias en la salud y la autoestima de las niñas, pudiendo incluso relacionarlo con la aparición de trastornos de conducta alimentaria, como es el caso que denunciábamos en el párrafo anterior. Los modelos de extremada delgadez se imponen como una meta que incita a las niñas a empequeñecerse como señala Seymour Fisher “los hombres tienden a sentirse insatisfechos de las partes de su cuerpo que consideran «demasiado pequeñas» mientras que las mujeres dirigen más bien sus críticas hacia las regiones de su cuerpo que les parecen «demasiado grandes»” (citado en Bourdieu, 2000, p. 86). 

Es decir, que estos modelos de extrema delgadez que se introducen en el imaginario social de la infancia incitan a las niñas a alcanzar unas imágenes que ponen en riesgo su salud, además de contribuir a que se infravaloren socialmente y no se desarrollen en el resto de ámbitos que componen la identidad adulta. Relegando otras facetas de la persona para dedicar un extremado esfuerzo al culto del cuerpo. Asimismo, las niñas están recibiendo un mensaje adoctrinador donde se les inculca que para adaptarse a  la sociedad es necesario ser joven, bella y atractiva, tener un cuerpo bonito y armonizado. Atributos que aparecen en todas los personajes de las películas infantiles de princesas Disney y que exageran las asignaciones que esta sociedad patriarcal confiere al género femenino, “La exageración de las dotes femeninas de seducción, tan en boga últimamente en los medios de comunicación, en aras de una aparente liberación de la sexualidad, se han convertido en otra forma de control sobre el cuerpo femenino” (Figueroa y Rivera, 1990, p. 105).

 

Todo lo anterior nos genera una duda y una reflexión: ¿por qué será que últimamente los extremos se tocan? La hipersexualización de las niñas conviene a la sociedad en la que vivimos, como conviene fomentar la infantilización en la madurez, como conviene ocultar la vejez. (Artículo publicado en Revista Terral nº 20)

BIBLIOGRAFÍA:

BAILEY, R. (2011). Letting Children be Children. Report of an Independent Review of the Commercialisation and Sexualisation of Childhood. Department for Education. Presented to Parliament by the Secretary of State for Education by Command of Her Majesty. June 2011. (Disponible en: https://www.gov.uk/government/uploads/system/uploads/attachment_data/file/175418/Bailey_Review.pdf, consultado el 14 de agosto de 2015).


BOURDIEU, P. (2000). La dominación masculina. Barcelona: Anagrama.

 

CANTILLO, C. (2015). Imágenes infantiles que construyen identidades adultas. Los estereotipos sexistas de las princesas Disney desde una perspectiva de género. Efectos a través de las generaciones y en diferentes entornos: digital y analógico. Tesis Doctoral. Madrid: Uned. 
FIGUEROA, J.G. & RIVERA, G. (1992). Algunas reflexiones sobre la representación social de la sexualidad femenina. En Nueva Antropología, marzo 1992 (pp. 101-121).

 

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La próxima (princesa)… puedes ser tú

Amigas y princesas-1

La vorágine de figuras mediáticas que ahora se han expandido por el transmedia no se han conformado con la pantalla, tampoco con acaparar otros medios y representarse en otras versiones, ahora las princesas son ellas, los personajes se han apoderado de las mentes infantiles, han engatusado a las niñas y se desarrollan en sus cuerpos maleables. De modo que permanecemos con gran expectación para saber cómo será la próxima princesa, qué rasgos de belleza insólitos recorrerán todos los espacios conocidos y desconocidos para que veamos cumplido el sueño americano de inmortalizarse en las tiernas generaciones de niñas.

Está claro que las princesas Disney operan dentro de los límites de una lógica cultural particular. Conmemoran la belleza femenina, inspiran la imagen de la mujer objeto de deseos varoniles, apoyan el consumismo y el culto al cuerpo sin freno. Estos nuevos modelos mediáticos que ya se han internalizado en las conductas infantiles y se han introducido en sus hogares, para quedarse, presentan un magisterio basado en la influencia, con un currículum de caros gustos y deseos superficiales.

Los grupos dominantes mantienen su poder por medio de una imposición mercantilista que controla los deseos infantiles, además están actuando con el beneplácito de sus progenitores que, también fueron niñas y niños influenciados por el “efecto princesa” y, que sin apenas percibirlo, están protegiendo los valores de ese grupo dominante cuyos propietarios son ese grupo de oligopolios mediáticos. Como alternativa a esta manipulación solapada de las conciencias infantiles consideramos que sería relevante deconstruir los significados de la belleza y del venerado concepto de princesa que tanto y tan negativamente se han impregnado en la sociedad.

La imagen de las niñas-princesas está provocando un calado en la sociedad que, a través de los sueños, consigue utilizar a las niñas como meros accesorios decorativos y sus propias madres y sus propios padres las acompañan en este peregrinaje donde serán despojadas de su incipiente identidad. Las niñas no sólo obedecen las normas impuestas por una sociedad consumista, sino que este efecto de forzada imitación las limita física y psicológicamente.

Para conocer de cerca este fenómeno decidimos visitar la página de Disney http://www.disney.es/brave/index.jsp y al navegar por algunos enlaces de las películas de las princesas pudimos comprobar que siempre aparece un anuncio de Amigas&Princesas que invita a conocer su web.

Una vez dentro, encontramos un vídeo promocional con cuatro niñas que van indicando sus características y sus gustos. Además, puede verse la silueta en negro de una quinta niña que puede ser ocupada por cualquiera de sus visitantes. Esta figura invita a la participación. Vemos claramente que la imagen de las niñas que aparece en el anuncio ha sido elegida estratégicamente y la aparición de la silueta enigmática pretende atraer la atención del público indeciso. Este tipo de montaje audiovisual y la elección de los actuantes “aporta lo que a veces se denomina «un gancho» -un medio para atraer a un público que tal vez no esté del todo decidido” (Ferguson, 2007, p. 196).

Amigas y princesas

Lo más llamativo del anuncio de esta página sucede en el minuto 1:17, cuando se muestra la interpretación de una de las cuatro modelos, Olivia, la niña rubia que dice: “me encanta …” pero no se entiende bien qué es eso que le encanta, aunque por la imagen (va cargada de bolsas, como puede comprobarse en la ilustración anterior) y por el comentario que hace en el fotograma previo “me encanta ir de tiendas y probarme cosas” da la impresión de que eso que le encanta es “comprar”.

El texto de este anuncio es un claro ejemplo del “primer mito” (Giroux, 2003) que asume que la democracia liberal ha alcanzado su victoria definitiva, donde “la cultura liberal se convierte en sinónima de la cultura del mercado y las celebradas libertades del consumidor se compran a expensas de las libertades de los ciudadanos” (Giroux, 2003, p. 13). En estas prácticas del marketing queda clara la amenaza al bienestar de la infancia que supone dejar el libre albedrío al poder del mercado.

El análisis de la narrativa de estos mensajes visibiliza la intención domesticadora que se confiere al discurso extradiegético para manipular los deseos del público infantil femenino. Podríamos considerar que estas páginas comerciales de los productos Disney para chicas están destinadas a satisfacer necesidades autoperpetuadas comercialmente. Por supuesto, el enfoque está relacionado con el grado en el cual lo comercial excluye o facilita la posibilidad de que las mujeres adquieran poder. En una sociedad dominada por los hombres estos mensajes, sin duda, tienen valor para las niñas, puesto que constituyen un modo de construir su sentido de la identidad y la autoestima. Es cada vez más frecuente el uso de estos mundos virtuales para niñas, donde se presenta una famosa forma de ser mujer, un “modelo de éxito” construido en función de una representación estereotipada de lo femenino, que se presenta a través de imágenes de niñas ligadas a la moda, el hogar, lo rosa, la imagen y la frivolidad.

La próxima “princesa” puedes ser tú y por ello nos preguntamos:

¿Son buenas las princesas para las niñas? ¿Deberían las niñas jugar a ser princesas? ¿Cómo se forma la autoestima en una niña que quiere ser princesa? ¿De qué forma las princesas construyen la conciencia infantil? ¿Dejarás que las empresas mediáticas modelen la identidad de tu hija? ¿Permitirás que la transformen en princesa?

BIBLIOGRAFÍA:

CANTILLO, C. (2015): Imágenes infantiles que construyen identidades adultas. Los estereotipos sexistas de las princesas Disney desde una perspectiva de género. Efectos a través de las generaciones y en diferentes entornos: digital y analógico. Tesis Doctoral. Madrid: Uned.

FERGUSON, R. (2007). Los medios bajo sospecha. Ideología y poder en los medios de comunicación. Barcelona: Gedisa.

GIROUX, H. A. (2003). La inocencia robada. Juventud, multinacionales y política cultural. Madrid: Morata.

WEBGRAFÍA:

http://www.disney.es/brave/index.jsp

http://www.amigasyprincesas.com/?utm_source=Disney&utm_medium=DIS&utm_term=Princesas&utm_content=DRCT|300×250&utm_campaign=RelanzamientoPrincesas2015

 

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Jóvenes “disneyzadxs” entregan su vida a una inocencia de marca

Este fin de semana se ha viralizado en las RRSS una pedida de mano de cuento de hadas protagonizada por dos jóvenes en colaboración con el parque de atracciones Disneyland París.

Este vídeo (que ha recibido más de 360.000 visitas en dos días) muestra todo el proceso de grabación llevado a cabo por sus propios protagonistas. Aunque, según se observa en el canal del “novio-príncipe” la viralización en la Red de su vida íntima es algo natural, pudiendo contemplar alguna que otra “pelea” con la que en esta ocasión se convierte en su esposa.

Estas representaciones audiovisuales nos permiten contemplar el alto grado de sometimiento a una multinacional que se puede alcanzar. Y así, vemos cómo personas adultas pierden su libertad para hacer realidad un sueño de la infancia… o al menos, eso parece suceder en el caso de la chica: ¡al fin consigue convertirse en princesa!

El parque de atracciones sirve de escenario, la Compañía es cómplice de la sorpresa y la felicidad que irradia la chica es un signo publicitario que incrementará las ganancias de la Disney más que cualquier campaña navideña, atrayendo al público a su imperio adoctrinador. Como dijera Henry Giroux (1999) refiriéndose al alcance de la Compañía Disney:

La imagen de Disney como poder económico y politico, que promociona una cultura e ideología específicas, se contradice con la imagen publicitaria que presenta a la compañía como el genio que ofrece a los jóvenes la posibilidad de que sus sueños se hagan realidad, mediante los placeres del sano entretenimiento. (…) Pero exigir responsabilidad a Disney por la forma en que influye sobre los deseos e identidades de los niños resulta importante, ya que Disney se presenta cada vez más no solo como proveeedor de entretenimiento y diversión, sino también como fuerza política que desarrolla modelos educativos que influyen en la manera de educar a los jóvenes en la escuela pública(…), fuera del control de la despiadada fascinación por la cultura del consumo (p.36).

Estos comportamientos nos hacen reflexionar acerca de la influencia de las multinacionales en la creación de la identidad adulta y si lo correlacionamos con la moda de hacer pública la vida privada en las redes, quizás lleguemos a comprender por qué algunos críticos (de modo visionario) llamaron “imperio diabólico” a la Compañía Walt Disney.

GIROUX, H (1999): El ratoncito feroz. Disney o el fin de la inocencia. Fundación Germán Sánchez Ruiperez. Madrid.

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Cómo detectar las escenas machistas en el cine

Entrevista realizada a Pilar Aguilar donde analiza los mensajes patriarcales y machistas de algunas escenas cinematográficas.
¡Excelente documento para aprender a tener una visión audiovisual crítica!

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Para Todos La 2 – Debate: Walt Disney

    “Este genio fue capaz de transformar el mundo de los dibujos animados y del cine de animación hasta convertirlo en un auténtico imperio de sueños. Mickey Mouse, Donald, Pluto, Blancanieves, y muchos otros personajes imaginarios más le ayudaron a forjar un imperio económico que le ha sobrevivido. Con su imaginación, Walt Disney dio vida a una lista infinita de personajes que, llevados al celuloide, han hecho las delicias de pequeños y mayores. Coloquio entre Jorge Fonte, ensayista y autor de numerosos ensayos sobre la vida y obra de Walt Disney; y Cruz Delgado Sánchez, especialista en cine de animación, escritor cinematográfico y guionista”

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    Siguen y siguen apareciendo anuncios para atraer a las niñas hacia la sumisión

    Aquí dejo este vídeo que aparece en la página de Princelandia, donde se ofrecen una serie de consejos, concursos, promociones, etc. para que las niñas (y sus madres) puedan ser “princesas” ¡No tiene desperdicio!

    En este otro vídeo comprobamos que ésta es una costumbre que se ha puesto de moda entre las niñas y sus madres y padres fomentan:

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    Adoctrinando a través de los sueños infantiles

    ImagenEl impacto que la literatura (los cuentos, las películas y otras narrativas) puede provocar en la imaginación  infantil es sorprendente, llegando incluso a desarrollar fenómenos, como el eidetismo[1], que consiste en revivir – con absoluta claridad sensorial – sucesos anteriormente percibidos y que, curiosamente, están asociados a vivencias y situaciones de un alto contenido emocional. Como las narraciones de los cuentos o las escenas de las películas.

    Y ahora nos viene la multinacional Disney con un concurso en el que incita a la infancia a soñar con ser princesas o príncipes por un día ¿qué pasará en la mente infantil?

    Cuéntanos algo de ti y por qué sueñas con ser un príncipe o una princesa por un día.


    [1] La imaginación eidética es la capacidad de volver a ver, con una absoluta claridad sensorial, pero sin llegar a creer en la objetividad del fenómeno, sucesos anteriormente percibidos durante algún tiempo.
    Según E.J. Anthony (1959), cuanto más pequeño es el niño más posibilidades tiene de presentar situaciones eidéticas. Por ejemplo: en investigaciones previas al audiovisual se indicaba que el 60% de los niños de cuatro años estudiados presentaba situaciones eidéticos. Disponible en: http://tv_mav.cnice.mec.es/impacto.htm
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